Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN VESPERTINA [Día Décimo Séptimo]

Salmo 89: Parte I: Misericordias Domini

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 89. 1-18:

1 Poema de Etán, el Aborigen.

2 Cantaré eternamente el amor del Señor, proclamaré tu fidelidad por todas las generaciones. 3 Porque tú has dicho: “Mi amor se mantendrá eternamente, mi fidelidad está afianzada en el cielo.

4 Yo sellé una alianza con mi elegido, hice este juramento a David, mi servidor: 5 ‘Estableceré tu descendencia para siempre, mantendré tu trono por todas las generaciones’”.

6 El cielo celebre tus maravillas, Señor, y tu fidelidad en la asamblea de los santos, 7 porque ¿quién es comparable al Señor en las alturas? ¿quién es como el Señor entre los hijos de Dios?

8 Dios es temible en el consejo de los santos, más grande y terrible que cuantos están a su alrededor? 9 Señor, Dios del universo, ¿hay alguien como tú? Tú eres fuerte y estás rodeado de fidelidad.

10 Tú dominas la soberbia del mar y calmas la altivez de sus olas; 11 tú aplastaste a Rahab como a un cadáver, deshiciste a tus enemigos con tu brazo poderoso.

12 Tuyo es el cielo, tuya la tierra: tú cimentaste el mundo y todo lo que hay en él; 13 tú has creado el norte y el sur, el Hermón y el Tabor aclaman tu Nombre.

14 Tu brazo está lleno de poder, tu mano es fuerte, alta es tu derecha; 15 la Justicia y el Derecho son la base de tu trono, el Amor y la Fidelidad te preceden.

16 ¡Feliz el pueblo que sabe aclamarte! Ellos caminarán a la luz de tu rostro; 17 se alegrarán sin cesar en tu Nombre, serán exaltados a causa de tu justicia.

18 Porque tú eres su gloria y su fuerza; con tu favor, acrecientas nuestro poder.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 89: Parte II: Tunc locutus es

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 89. 19-52:

19 Sí, el Señor es nuestro escudo, el Santo de Israel es realmente nuestro rey.

20 Tú hablaste una vez en una visión y dijiste a tus amigos: “Impuse la corona a un valiente, exalté a un guerrero del pueblo.

21 Encontré a David, mi servidor, y lo ungí con el óleo sagrado, 22 para que mi mano esté siempre con él y mi brazo lo haga poderoso.

23 El enemigo no lo aventajará, ni podrán oprimirlo los malvados: 24 yo aplastaré a sus adversarios ante él y golpearé a los que lo odian.

25 Mi fidelidad y mi amor lo acompañarán, su poder crecerá a causa de mi Nombre: 26 extenderé su mano sobre el mar y su derecha sobre los ríos.

27 Él me dirá: ‘Tú eres mi padre, mi Dios, mi Roca salvadora’. 28 Yo lo constituiré mi primogénito, el más alto de los reyes de la tierra.

29 Le aseguraré mi amor eternamente, y mi alianza será estable para él; 30 le daré una descendencia eterna y un trono duradero como el cielo.

31 Si sus hijos abandonan mi enseñanza y no proceden de acuerdo con mis juicios; 32 si profanan mis preceptos y no observan mis mandamientos, 33 castigaré sus rebeldías con la vara y sus culpas, con el látigo.

34 Pero a él no le retiraré mi amor ni desmentiré mi fidelidad; 35 no quebrantaré mi alianza ni cambiaré lo que salió de mis labios.

36 Una vez juré por mi santidad –¡jamás mentiré a David!–: 37 ‘Su descendencia permanecerá para siempre y su trono, como el sol en mi presencia; 38 como la luna, que permanece para siempre, será firme su sede en las alturas’”.

39 Pero tú te has irritado contra tu Ungido, lo has rechazado y despreciado; 40 desdeñaste la alianza con tu servidor, profanaste por tierra su insignia real.

41 Abriste brechas en todas sus murallas, redujiste a escombros todas sus fortalezas; 42 los que pasan por el camino lo despojan, y es la burla de todos sus vecinos.

43 Alzaste la mano de sus adversarios, llenaste de alegría a sus enemigos; 44 mellaste el filo de su espada y no lo sostuviste en el combate.

45 Le quitaste su cetro glorioso y derribaste por tierra su trono; 46 abreviaste los días de su juventud y lo cubriste de vergüenza.

47 ¿Hasta cuándo, Señor? ¿Te ocultarás para siempre? ¿Arderá tu furor como el fuego? 48 Recuerda, Señor, qué corta es mi vida y qué efímeros creaste a los hombres.

49 ¿Quién vivirá sin ver la muerte? ¿Quién se librará de las garras del Abismo? 50 ¿Dónde está, Señor, tu amor de otro tiempo, el que juraste a David por tu fidelidad?

51 Recuerda, Señor, las afrentas de tu servidor: yo tengo que soportar los insultos de los pueblos. 52 ¡Cómo afrentan, Señor, tus enemigos, cómo afrentan las huellas de tu Ungido!

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.