Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN VESPERTINA [Día Décimocuarto]

Salmo 73: Quam bonus Israel! [Libro: 3]

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 73:

1 Salmo de Asaf. Vacilación frente al triunfo del mal ¡Qué bueno es Dios para Israel, para los limpios de corazón!

2 Pero casi se desvían mis pasos, faltó poco para que diera un traspié, 3 porque tuve envidia de los presuntuosos, al ver la prosperidad de los malvados.

4 Para ellos no hay sufrimientos, su cuerpo está sano y robusto; 5 no comparten las penas de los hombres ni son golpeados como los demás.

6 Por eso, el orgullo es su collar y la violencia, el manto que los cubre; 7 la malicia se les sale por los poros, su corazón rebosa de malos propósitos.

8 Se burlan y hablan con maldad; desde lo alto, amenazan con prepotencia; 9 su boca se insolenta contra el cielo y su lengua se pasea por la tierra.

10 Por eso, el pueblo de Dios se vuelve hacia ellos, y beben el agua a raudales. 11 Ellos dicen: “¿Acaso Dios lo va a saber? ¿Se va a enterar el Altísimo?”.

12 Así son esos malvados y, siempre tranquilos, acrecientan sus riquezas.

13 Entonces, ¿en vano mantuve puro mi corazón y lavé mis manos en señal de inocencia? 14 Porque yo era golpeado todo el día y cada mañana soportaba mi castigo.

15 Si hubiera dicho: “Voy a hablar como ellos”, habría traicionado al linaje de tus hijos. 16 Yo reflexionaba, tratando de entenderlo, pero me resultaba demasiado difícil.

17 ¡Hasta que entré en el Santuario de Dios y comprendí el fin que les espera! 18 Sí, tú los pones en un terreno resbaladizo y los precipitas en la ruina.

19 ¡Qué pronto quedan devastados y acaban consumidos por el horror! 20 Son como un sueño al despertar, Señor: al levantarte, disipas hasta su imagen.

21 Cuando se agriaba mi corazón y me torturaba en mi interior, 22 yo era un necio y no comprendía, era como un animal ante ti.

23 Pero yo estoy siempre contigo, tú me has tomado de la mano derecha; 24 me guiarás con tu consejo y después, me recibirás con gloria.

25 ¿A quién sino a ti tengo yo en el cielo? Si estoy contigo, no deseo nada en la tierra. 26 Aunque mi corazón y mi carne se consuman, Dios es mi herencia para siempre y la Roca de mi corazón.

27 Los que se apartan de ti terminan mal, tú destruyes a los que te son infieles. 28 Mi dicha es estar cerca de Dios: yo he puesto mi refugio en ti, Señor, para proclamar todas tus acciones.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 74: Ut quid, Deus?

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 74:

1 Poema de Asaf. La profanación del Santuario ¿Por qué, Señor, nos rechazaste para siempre y arde tu indignación contra las ovejas de tu rebaño?

2 Acuérdate del pueblo que adquiriste en otro tiempo, de la tribu que rescataste para convertirla en tu herencia; acuérdate de Sión, donde pusiste tu Morada.

3 Vuelve tus pasos hacia esta ruina completa: todo lo destruyó el enemigo en el Santuario. 4 Rugieron tus adversarios en el lugar de tu asamblea, pusieron como señales sus propios estandartes.

5 Alzaron sus hachas como en la espesura de la selva; 6 destrozaron de un golpe todos los adornos, los deshicieron con martillos y machetes; 7 prendieron fuego a tu Santuario, profanaron, hasta arrasarla, la Morada de tu Nombre.

8 Habían pensado: “Acabemos con ellos, quememos todos los templos de Dios en el país”. 9 Ya no vemos señales ni quedan profetas: no hay nadie entre nosotros que sepa hasta cuándo.

10 ¿Hasta cuándo, Señor, te insultará el enemigo? ¿Nunca cesará el adversario de despreciar tu Nombre? 11 ¿Por qué retiras tu mano, Señor, y la mantienes oculta en el pecho?

12 Pero tú, Señor, eres mi Rey desde el principio, tú lograste victorias en medio de la tierra: 13 deshiciste el Mar con tu poder y quebraste las cabezas del dragón marino; 14 aplastaste las cabezas de Leviatán y lo diste como alimento a las fieras del desierto.

15 Hiciste brotar manantiales y torrentes, secaste los ríos caudalosos; 16 tuyo es el día, tuya también la noche, tú afirmaste la luna y el sol; 17 fijaste las fronteras de la tierra, formaste el verano y el invierno.

18 Recuerda, Señor, que el enemigo te ha ultrajado, un pueblo insensato ha despreciado tu Nombre: 19 no entregues a los buitres la vida de tu Paloma ni te olvides para siempre de los pobres.

20 Ten presente tu alianza, porque todos los rincones del país están repletos de violencia. 21 Que el débil no retroceda lleno de confusión, que el pobre y el oprimido alaben tu Nombre.

22 Levántate, Señor, defiende tu causa, recuerda que el insensato te ultraja sin cesar. 23 No olvides los gritos de tus adversarios, porque crece el tumulto de los que se alzan contra ti.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.