Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN VESPERTINA [Día Décimo Tercero]

Salmo 69: Salvum me fac

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 69:

1 Del maestro de coro. Según la melodía de “Los lirios”. De David.

2 ¡Sálvame, Dios mío, porque el agua me llega a la garganta! 3 Estoy hundido en el fango del Abismo y no puedo hacer pie; he caído en las aguas profundas, y me arrastra la corriente.

4 Estoy exhausto de tanto gritar, y mi garganta se ha enronquecido; se me ha nublado la vista de tanto esperar a mi Dios.

5 Más numerosos que los cabellos de mi cabeza son los que me odian sin motivo; más fuertes que mis huesos, los que me atacan sin razón. ¡Y hasta tengo que devolver lo que yo no he robado!

6 Dios mío, tú conoces mi necedad, no se te ocultan mis ofensas. 7 Que no queden defraudados por mi culpa los que esperan en ti, Señor del universo; que no queden humillados por mi causa los que te buscan, Dios de Israel.

8 Por ti he soportado afrentas y la vergüenza cubrió mi rostro; 9 me convertí en un extraño para mis hermanos, fui un extranjero para los hijos de mi madre: 10 porque el celo de tu Casa me devora, y caen sobre mí los ultrajes de los que te agravian.

11 Cuando aflijo mi alma con ayunos, aprovechan para insultarme; 12 cuando me visto de penitente, soy para ellos un motivo de risa; 13 los que están a la puerta murmuran contra mí, y los bebedores me hacen burla con sus cantos.

14 Pero mi oración sube hasta ti, Señor, en el momento favorable: respóndeme, Dios mío, por tu gran amor, sálvame, por tu fidelidad.

15 Sácame del lodo para que no me hunda, líbrame de los que me odian y de las aguas profundas; 16 que no me arrastre la corriente, que no me trague el Abismo, que el Pozo no se cierre sobre mí.

17 Respóndeme, Señor, por tu bondad y tu amor, por tu gran compasión vuélvete a mí; 18 no le ocultes el rostro a tu servidor, respóndeme pronto, porque estoy en peligro.

19 Acércate a mi y rescátame, líbrame de mis enemigos: 20 tú conoces mi afrenta, mi vergüenza y mi deshonra, todos mis enemigos están ante ti.

21 La vergüenza me destroza el corazón, y no tengo remedio. Espero compasión y no la encuentro, en vano busco un consuelo: 22 pusieron veneno en mi comida, y cuando tuve sed me dieron vinagre.

23 Que su mesa se convierta en una trampa, y sus manjares, en un lazo; 24 que se nuble su vista y no vean, y sus espaldas se queden sin fuerzas.

25 Descarga sobre ellos tu indignación que los alcance el ardor de tu enojo; 26 que sus poblados se queden desiertos y nadie habite en sus carpas.

27 Porque persiguen al que tú has castigado y aumentan los dolores del que tú has herido. 28 Impútales una culpa tras otra, no los declares inocentes; 29 bórralos del Libro de la Vida, que no sean inscritos con los justos.

30 Yo soy un pobre desdichado, Dios mío, que tu ayuda me proteja: 31 así alabaré con cantos el nombre de Dios, y proclamaré su grandeza dando gracias; 32 esto agradará al Señor más que un toro, más que un novillo con cuernos y pezuñas.

33 Que lo vean los humildes y se alegren, que vivan los que buscan al Señor: 34 porque el Señor escucha a los pobres y no desprecia a sus cautivos.

35 Que lo alaben el cielo, la tierra y el mar, y todos los seres que se mueven en ellos; 36 porque el Señor salvará a Sión y volverá a edificar las ciudades de Judá: 37 el linaje de sus servidores la tendrá como herencia, y los que aman su nombre morarán en ella.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 70: Deus, in adjutorium

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 70:

1 Del maestro de coro. De David. En memoria.

2 ¡Líbrame, Dios mío! ¡Señor, ven pronto a socorrerme! 3 Que se avergüencen y sean humillados los que quieren acabar con mi vida. Que retrocedan confundidos los que desean mi ruina; 4 que vuelvan la espalda avergonzados los que se ríen de mí.

5 Que se alegren y se regocijen en ti todos los que te buscan; y digan siempre los que desean tu victoria: “¡Qué grande es nuestro Dios!”.

6 Yo soy pobre y miserable: ven pronto, Dios mío; tú eres mi ayuda y mi libertador, ¡no tardes, Señor!

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.