Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN VESPERTINA [Día Décimo]

Salmo 53: Dixit insipiens

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 53:

1 Del maestro de coro. Para la enfermedad. Poema de David.

2 El necio se dice a sí mismo: "No hay Dios". Todos están pervertidos, hacen cosas abominables, nadie practica el bien.

3 El Señor observa desde el cielo a los seres humanos, para ver si hay alguien que sea sensato, alguien que busque a Dios.

4 Todos están extraviados, igualmente corrompidos; nadie practica el bien, ni siquiera uno solo.

5 ¿Nunca aprenderán los malvados, los que devoran a mi pueblo como si fuera pan, y no invocan al Señor?

6 Ellos temblaron de espanto donde no había nada que temer; Dios ha dispersado los huesos de tus agresores: tú los has confundido, porque Dios los rechazó.

7 ¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel! Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo, se alegrará Jacob, se regocijará Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 54: Deus in nomine

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 53:

1 Del maestro de coro. Para la enfermedad. Poema de David.

2 El necio se dice a sí mismo: "No hay Dios". Todos están pervertidos, hacen cosas abominables, nadie practica el bien.

3 El Señor observa desde el cielo a los seres humanos, para ver si hay alguien que sea sensato, alguien que busque a Dios.

4 Todos están extraviados, igualmente corrompidos; nadie practica el bien, ni siquiera uno solo.

5 ¿Nunca aprenderán los malvados, los que devoran a mi pueblo como si fuera pan, y no invocan al Señor?

6 Ellos temblaron de espanto donde no había nada que temer; Dios ha dispersado los huesos de tus agresores: tú los has confundido, porque Dios los rechazó.

7 ¡Ojalá venga desde Sión la salvación de Israel! Cuando el Señor cambie la suerte de su pueblo, se alegrará Jacob, se regocijará Israel.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 55: Exaudi Deus

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 55:

1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Poema de David.

2 Dios mío, escucha mi oración, no seas insensible a mi súplica; 3 atiéndeme y respóndeme. La congoja me llena de inquietud; 4 estoy turbado por los gritos del enemigo, por la opresión de los malvados: porque acumulan infamias contra mí y me hostigan con furor.

5 Mi corazón se estremece dentro de mi pecho, me asaltan los horrores de la muerte, 6 me invaden el temor y el temblor, y el pánico se apodera de mí.

7 ¡Quién me diera alas de paloma para volar y descansar! 8 Entonces huiría muy lejos, 8 habitaría en el desierto. 9 Me apuraría a encontrar un refugio contra el viento arrasador y la borrasca.

10 Confunde sus lenguas, Señor, divídelas, porque no veo más que violencia y discordia en la ciudad, 11 rondando día y noche por sus muros. Dentro de ella hay maldad y opresión, 12 en su interior hay ruindad; la crueldad y el engaño no se apartan de sus plazas.

13 Si fuera mi enemigo el que me agravia, podría soportarlo; si mi adversario se alzara contra mí, me ocultaría de él.

14 ¡Pero eres tú, un hombre de mi condición, mi amigo y confidente, 15 con quien vivía en dulce intimidad: juntos íbamos entre la multitud a la Casa del Señor!

16 Que la muerte los sorprenda, que bajen vivos al Abismo, porque dentro de sus moradas sólo existe la maldad.

17 Yo, en cambio, invoco al Señor, y él me salvará. 18 De tarde, de mañana, al mediodía, gimo y me lamento, pero él escuchará mi clamor.

19 Él puso a salvo mi vida; se acercó cuando eran muy numerosos los que estaban contra mí. 20 Dios, que reina desde siempre, 20 los oyó y los humilló. Porque ellos no se corrigen ni temen a Dios; 21 alzan las manos contra sus aliados y violan los pactos.

22 Su boca es más blanda que la manteca, pero su corazón desea la guerra; sus palabras son más suaves que el aceite, pero hieren como espadas.

23 Confía tu suerte al Señor, y él te sostendrá: nunca permitirá que el justo perezca.

24 Y tú, Dios mío, los precipitarás en la fosa más profunda. Los hombres sanguinarios y traidores no llegarán ni a la mitad de sus días. Yo, en cambio, confío en ti, Señor.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.