Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN MATUTINA [Día Octavo]

Salmo 38: Domine, ne in furore

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 38:

1 Salmo de David. En memoria.

2 Señor, no me reprendas por tu enojo ni me castigues por tu indignación. 3 Porque me han traspasado tus flechas y tu brazo se descargó sobre mí: 4 no hay parte sana en mi carne, a causa de tu furor. No hay nada intacto en mis huesos, a causa de mis pecados; 5 me siento ahogado por mis culpas: son como un peso que supera mis fuerzas.

6 Mis heridas hieden y supuran, a causa de mi insensatez; 7 estoy agobiado, decaído hasta el extremo, y ando triste todo el día.

8 Siento un ardor en mis entrañas, y no hay parte sana en mi carne; 9 estoy agotado, deshecho totalmente, y rujo con más fuerza que un león.

10 Tú, Señor, conoces todos mis deseos, y no se te ocultan mis gemidos: 11 mi corazón palpita, se me acaban las fuerzas, y me falta hasta la luz de mis ojos.

12 Mis amigos y vecinos se apartan de mis llagas, mis parientes se mantienen a distancia; 13 los que atentan contra mí me tienden lazos, y los que buscan mi ruina me amenazan de muerte; todo el día proyectan engaños.

14 Pero yo, como un sordo, no escucho; como un mudo, no abro la boca: 15 me parezco a uno que no oye y no tiene nada que replicar.

16 Yo espero en ti, Señor: tú me responderás, Señor, Dios mío. 17 Sólo te pido que no se rían de mí, ni se aprovechen cuando tropiecen mis pies.

18 Porque estoy a punto de caer y el dolor no se aparta de mí: 19 sí, yo confieso mi culpa y estoy lleno de pesar por mi pecado.

20 Mis enemigos mortales son fuertes; y son muchos los que me odian sin motivo, 21 los que me retribuyen con maldades y me atacan porque busco el bien.

22 Pero tú, Señor, no me abandones, Dios mío, no te quedes lejos de mí; 23 ¡apresúrate a venir en mi ayuda, mi Señor, mi salvador!

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 39: Dixi, Custodiam

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 39:

1 Del maestro de coro. De Iedutún. Salmo de David.

2 Yo pensé: "Voy a vigilar mi proceder para no excederme con la lengua; le pondré una mordaza a mi boca, mientras tenga delante al malvado".

3 Entonces me encerré en el silencio, callé, pero no me fue bien: el dolor se me hacía insoportable; 4 el corazón me ardía en el pecho, y a fuerza de pensar, el fuego se inflamaba, ¡hasta que al fin tuve que hablar!

5 Señor, dame a conocer mi fin y cuál es la medida de mis días, para que comprenda lo frágil que soy: 6 no me diste más que un palmo de vida, y mi existencia es como nada ante ti. Ahí está el hombre: es tan sólo un soplo, 7 pasa lo mismo que una sombra; se inquieta por cosas fugaces y atesora sin saber para quién.

8 Y ahora, Señor, ¿qué esperanza me queda? Mi esperanza está puesta sólo en ti: 9 líbrame de todas mis maldades, y no me expongas a la burla de los necios.

10 Yo me callo, no me atrevo a abrir la boca, porque eres tú quien hizo todo esto. 11 Aparta de mí tus golpes: ¡me consumo bajo el peso de tu mano!

12 Tú corriges a los hombres, castigando sus culpas; carcomes como la polilla sus tesoros: un soplo, nada más, es todo hombre.

13 Escucha, Señor, mi oración; presta oído a mi clamor; no seas insensible a mi llanto, porque soy un huésped en tu casa, un peregrino, lo mismo que mis padres.

14 No me mires con enojo, para que pueda alegrarme, antes que me vaya y ya no exista más.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 40: Expectans, expectavi

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 40:

1 Del maestro de coro. De David. Salmo.

2 Esperé confiadamente en el Señor: él se inclinó hacia mí y escuchó mi clamor.

3 Me sacó de la fosa infernal, del barro cenagoso; afianzó mis pies sobre la roca y afirmó mis pasos.

4 Puso en mi boca un canto nuevo, un himno a nuestro Dios. Muchos, al ver esto, temerán y confiarán en el Señor.

5 ¡Feliz el que pone en el Señor toda su confianza, y no se vuelve hacia los rebeldes que se extravían tras la mentira!

6 ¡Cuántas maravillas has realizado, Señor, Dios mío! Por tus designios en favor nuestro, nadie se te puede comparar. Quisiera anunciarlos y proclamarlos, pero son innumerables.

7 Tú no quisiste víctima ni oblación; pero me diste un oído atento; no pediste holocaustos ni sacrificios, 8 entonces dije: "Aquí estoy. 9 En el libro de la Ley está escrito lo que tengo que hacer: yo amo, Dios mío, tu voluntad, y tu ley está en mi corazón".

10 Proclamé gozosamente tu justicia en la gran asamblea; no, no mantuve cerrados mis labios, tú lo sabes, Señor.

11 No escondí tu justicia dentro de mí, proclamé tu fidelidad y tu salvación, y no oculté a la gran asamblea tu amor y tu fidelidad.

12 Y tú, Señor, no te niegues a tener compasión de mí; que tu amor y tu fidelidad me protejan sin cesar.

13 Porque estoy rodeado de tantos males, que es imposible contarlos. Las culpas me tienen atrapado y ya no alcanzo a ver: son más que los cabellos de mi cabeza, y me faltan las fuerzas.

14 Líbrame, Señor, por favor; Señor, ven pronto a socorrerme. 15 Que se avergüencen y sean humillados los que quieren acabar con mi vida. Que retrocedan confundidos los que desean mi ruina; 16 queden pasmados de vergüenza los que se ríen de mí.

17 Que se alegren y se regocijen en ti todos los que te buscan, y digan siempre los que desean tu victoria: "¡Qué grande es el Señor!".

18 Yo soy pobre y miserable, pero el Señor piensa en mí; tú eres mi ayuda y mi libertador, ¡no tardes, Dios mío!

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.