Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN MATUTINA [Día Séptimo]

Salmo 35: Judica, Domine

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 35:

1 De David. Pedido de auxilio contra los perseguidores Combate, Señor, a los que me atacan, pelea contra los que me hacen la guerra.

2 Toma el escudo y el broquel, levántate y ven en mi ayuda; 3 empuña la lanza y la jabalina para enfrentar a mis perseguidores; dime: "Yo soy tu salvación".

4 Que sufran una derrota humillante los que intentan quitarme la vida; que vuelvan la espalda confundidos los que traman mi perdición.

5 Que sean como la paja ante el viento, mientras el Ángel del Señor los arrastra; 6 que su camino sea oscuro y resbaladizo, mientras el Ángel del Señor los persigue.

7 Porque me tendieron sus redes sin motivo y me cavaron una fosa mortal: 8 ¡que los sorprenda un desastre imprevisto; que sean atrapados por sus propias redes, y caigan en la fosa que ellos mismos cavaron!

9 Pero yo me alegraré en el Señor, me regocijaré por su victoria; 10 todo mi ser proclamará: "Señor, no hay nadie igual a ti; tú libras al débil de las manos del más fuerte, y al pobre, de aquel que lo despoja".

11 Se presentan contra mí testigos falsos; me piden cuenta de cosas que ignoro; 12 me devuelven mal por bien, dejando mi alma desolada.

13 Yo, en cambio, cuando ellos estaban enfermos, me cubría con ropas de penitente, afligía mi alma con ayunos y oraba con la cabeza inclinada.

14 Ellos eran para mí como un amigo o un hermano, y yo andaba triste y abatido, como quien llora la muerte de su madre.

15 Pero cuando tropecé ellos se alegraron, se juntaron todos contra mí y me golpearon sorpresivamente; me desgarraban sin cesar, 16 se burlaban de mí con crueldad y rechinaban contra mí sus dientes.

17 Señor, ¿cuánto tiempo vas a tolerarlo? Líbrame de los animales rugientes, salva mi vida de los leones; 18 y te daré gracias en la gran asamblea, te alabaré en medio de una multitud.

19 ¡Que no canten victoria mis enemigos traicioneros, ni se guiñen el ojo los que me odian sin motivo!

20 Ellos no hablan de paz, sino que atacan a los oprimidos de la tierra; traman planes engañosos 21 y se ríen de mí a carcajadas, diciendo: "Lo hemos visto con nuestros propios ojos".

22 Tú también lo has visto, Señor, no te calles; no te quedes lejos de mí, Señor: 23 ¡despiértate, levántate, Dios mío, Señor mío, defiende mi causa!

24 Júzgame según tu justicia, Señor: Dios mío, que no canten victoria sobre mí; 25 que no piensen: "Se cumplió nuestro deseo", ni digan: "Lo hemos devorado".

26 Que sufran una derrota humillante los que se alegran de mi desgracia; que se cubran de confusión y de vergüenza los que se envalentonan contra mí.

27 Canten, en cambio, y alégrense, los que desean mi triunfo; los que desean mi felicidad, repitan siempre: "¡Qué grande es el Señor!".

28 Entonces mi lengua pregonará tu justicia, y cada día proclamaré tu alabanza.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 36: Dixit injustus

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 36:

1 Del maestro de coro. De David, el servidor del Señor.

2 El pecado habla al impío en el fondo de su corazón; para él no hay temor de Dios, 3 porque se mira con tan buenos ojos que no puede descubrir ni aborrecer su culpa.

4 Las palabras de su boca son maldad y traición; dejó de ser sensato y de practicar el bien; 5 en su lecho, sólo piensa hacer el mal, se obstina en el camino del crimen y no reprueba al malvado.

6 Tu misericordia, Señor, llega hasta el cielo, tu fidelidad hasta las nubes. 7 Tu justicia es como las altas montañas, tus juicios, como un océano inmenso. Tú socorres a los hombres y a las bestias: 8 ¡qué inapreciable es tu misericordia, Señor! Por eso los hombres se refugian a la sombra de tus alas.

9 Se sacian con la abundancia de tu casa, les das de beber del torrente de tus delicias. 10 En ti está la fuente de la vida, y por tu luz vemos la luz.

11 Extiende tu gracia sobre los que te reconocen, y tu justicia sobre los rectos de corazón. 12 ¡Que el pie del orgulloso no me alcance ni me derribe la mano del malvado!

13 Miren cómo cayeron los malhechores: fueron derribados, y ya no podrán levantarse.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.