Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN MATUTINA [Día Tercero]

Salmo 15: Domine, quis habitabit?

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 15:

1 Salmo de David. Señor, ¿quién se hospedará en tu Carpa?, ¿quién habitará en tu santa Montaña?

2 El que procede rectamente y practica la justicia; el que dice la verdad de corazón 3 y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo ni agravia a su vecino, 4 el que no estima a quien Dios reprueba y honra a los que temen al Señor. El que no se retracta de lo que juró, aunque salga perjudicado; 5 el que no presta su dinero a usura ni acepta soborno contra el inocente. El que procede así, nunca vacilará.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 16: Conserva me Domine

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 16:

1 Mictán de David. Protégeme, Dios mío, porque me refugio en ti. 2 Yo digo al Señor: "Señor, tú eres mi bien, no hay nada superior a ti".

3 Ellos, en cambio, dicen a los dioses de la tierra: "Mis príncipes, ustedes son toda mi alegría". 4 Multiplican sus ídolos y corren tras ellos, pero yo no les ofreceré libaciones de sangre, ni mis labios pronunciarán sus nombres.

5 El Señor es la parte de mi herencia y mi cáliz, ¡tú decides mi suerte! 6 Me ha tocado un lugar de delicias, estoy contento con mi herencia.

7 Bendeciré al Señor que me aconseja, ¡hasta de noche me instruye mi conciencia! 8 Tengo siempre presente al Señor: él está a mi lado, nunca vacilaré.

9 Por eso mi corazón se alegra, se regocijan mis entrañas y todo mi ser descansa seguro: 10 porque no me entregarás a la Muerte ni dejarás que tu amigo vea el sepulcro.

11 Me harás conocer el camino de la vida, saciándome de gozo en tu presencia, de felicidad eterna a tu derecha.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 17: Exaudi, Domine

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 17:

1 Oración de David. Escucha, Señor, mi justa demanda, atiende a mi clamor; presta oído a mi plegaria, porque en mis labios no hay falsedad.

2 Tú me harás justicia, porque tus ojos ven lo que es recto: 3 si examinas mi corazón y me visitas por las noches, si me pruebas al fuego, no encontrarás malicia en mí. Mi boca no se excedió 4 ante los malos tratos de los hombres; yo obedecí fielmente a tu palabra, 5 y mis pies se mantuvieron firmes en los caminos señalados: ¡mis pasos nunca se apartaron de tus huellas!

6 Yo te invoco, Dios mío, porque tú me respondes: inclina tu oído hacia mí y escucha mis palabras. 7 Muestra las maravillas de tu gracia, tú que salvas de los agresores a los que buscan refugio a tu derecha.

8 Protégeme como a la pupila de tus ojos; escóndeme a la sombra de tus alas 9 de los malvados que me acosan, del enemigo mortal que me rodea.

10 Se han encerrado en su obstinación, hablan con arrogancia en los labios; 11 sus pasos ya me tienen cercado, se preparan para derribarme por tierra, 12 como un león ávido de presa, como un cachorro agazapado en su guarida.

13 Levántate, Señor, enfréntalo, doblégalo; líbrame de los malvados con tu espada, 14 y con tu mano, Señor, sálvame de los hombres: de los mortales que lo tienen todo en esta vida. Llénales el vientre con tus riquezas; que sus hijos también queden hartos y dejen el resto para los más pequeños. 15 Pero yo, por tu justicia, contemplaré tu rostro, y al despertar, me saciaré de tu presencia.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.