Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN MATUTINA [Día Vigésimo]

Salmo 102: Domine, exaudi

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 102:

1 Oración del afligido que, en su angustia, derrama su llanto ante el Señor.

2 Señor, escucha mi oración y llegue a ti mi clamor; 3 no me ocultes tu rostro en el momento del peligro; inclina hacia mí tu oído, respóndeme pronto, cuando te invoco.

4 Porque mis días se disipan como el humo, y mis huesos arden como brasas; 5 mi corazón se seca, marchitado como la hierba, ¡y hasta me olvido de comer mi pan! 6 Los huesos se me pegan a la piel, por la violencia de mis gemidos.

7 Me parezco a una lechuza del desierto, soy como un búho entre las ruinas; 8 estoy desvelado, y me lamento como un pájaro solitario en el tejado; 9 mis enemigos me insultan sin cesar, y enfurecidos, me cubren de imprecaciones.

10 Yo como ceniza en vez de pan y mezclo mi bebida con lágrimas, 11 a causa de tu indignación y tu furor, porque me alzaste en alto y me arrojaste. 12 Mis días son como sombras que se agrandan, y me voy secando como la hierba.

13 Pero tú, Señor, reinas para siempre, y tu Nombre permanece eternamente.

14 Tú te levantarás, te compadecerás de Sión, porque ya es hora de tenerle piedad, ya ha llegado el momento señalado: 15 tus servidores sienten amor por esas piedras y se compadecen de esas ruinas.

16 Las naciones temerán tu Nombre, Señor, y los reyes de la tierra se rendirán ante tu gloria: 17 cuando el Señor reedifique a Sión y aparezca glorioso en medio de ella; 18 cuando acepte la oración del desvalido y no desprecie su plegaria.

19 Quede esto escrito para el tiempo futuro y un pueblo renovado alabe al Señor: 20 porque él se inclinó desde su alto Santuario y miró a la tierra desde el cielo, 21 para escuchar el lamento de los cautivos y librar a los condenados a muerte.

29 Los hijos de tus servidores tendrán una morada y su descendencia estará segura ante ti, 22 para proclamar en Sión el nombre del Señor y su alabanza en Jerusalén, 23 cuando se reúnan los pueblos y los reinos, y sirvan todos juntos al Señor.

24 Mis fuerzas se debilitaron por el camino y se abreviaron mis días; 25 pero yo digo: “Dios mío, no me lleves en la mitad de mi vida, tú que permaneces para siempre”.

26 En tiempos remotos, fundaste la tierra, y el cielo es obra de tus manos; 27 ellos se acaban, y tú permaneces: se desgastan lo mismo que la ropa, los cambias como a un vestido, y ellos pasan.

28 Tú, en cambio, eres siempre el mismo, y tus años no tienen fin.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 103: Benedic, anima mea

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 103:

1 De David. Bendice al Señor, alma mía, que todo mi ser bendiga a su santo Nombre; 2 bendice al Señor, alma mía, y nunca olvides sus beneficios.

3 Él perdona todas tus culpas y cura todas tus dolencias; 4 rescata tu vida del sepulcro, te corona de amor y de ternura; 5 él colma tu vida de bienes, y tu juventud se renueva como el águila.

6 El Señor hace obras de justicia y otorga el derecho a los oprimidos; 7 él mostró sus caminos a Moisés y sus proezas al pueblo de Israel.

8 El Señor es bondadoso y compasivo, lento para enojarse y de gran misericordia; 9 no acusa de manera inapelable ni guarda rencor eternamente; 10 no nos trata según nuestros pecados ni nos paga conforme a nuestras culpas.

11 Cuanto se alza el cielo sobre la tierra, así de inmenso es su amor por los que lo temen; 12 cuanto dista el oriente del occidente, así aparta de nosotros nuestros pecados.

13 Como un padre cariñoso con sus hijos, así es cariñoso el Señor con sus fieles; 14 él conoce de qué estamos hechos, sabe muy bien que no somos más que polvo.

15 Los días del hombre son como la hierba: él florece como las flores del campo; 16 las roza el viento, y ya no existen más, ni el sitio donde estaban las verá otra vez.

17 Pero el amor del Señor permanece para siempre, y su justicia llega hasta los hijos y los nietos 18 de los que lo temen y observan su alianza, de los que recuerdan sus preceptos y los cumplen.

19 El Señor puso su trono en el cielo, y su realeza gobierna el universo. 20 ¡Bendigan al Señor, todos sus ángeles, los fuertes guerreros que cumplen sus órdenes apenas oyen la voz de su palabra!

21 ¡Bendigan al Señor, todos sus ejércitos, sus servidores, los que cumplen su voluntad! 22 ¡Bendíganlo todas sus obras, en todos los lugares donde ejerce su dominio! ¡Bendice al Señor, alma mía!

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.