Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN MATUTINA [Día Décimo Octavo]

Salmo 90: Domine, refugium

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 90:

1 Oración de Moisés, hombre de Dios. Señor, tú has sido nuestro refugio a lo largo de las generaciones.

2 Antes que fueran engendradas las montañas, antes que nacieran la tierra y el mundo, desde siempre y para siempre, tú eres Dios.

3 Tú haces que los hombres vuelvan al polvo, con sólo decirles: “Vuelvan, seres humanos”. 4 Porque mil años son ante tus ojos como el día de ayer, que ya pasó, como una vigilia de la noche.

5 Tú los arrebatas, y son como un sueño, como la hierba que brota de mañana: 6 por la mañana brota y florece, y por la tarde se seca y se marchita.

7 ¡Estamos consumidos por tu ira y consternados por tu indignación! 8 Pusiste nuestras culpas delante de tus ojos, y nuestros secretos a la luz de tu mirada.

9 Nuestros días transcurren bajo el peso de tu enojo, y nuestros años se acaban como un suspiro.

10 Nuestra vida dura apenas setenta años, y ochenta, si tenemos más vigor: en su mayor parte son fatiga y miseria, porque pasan pronto, y nosotros nos vamos.

11 ¿Quién puede conocer la violencia de tu enojo y ver el fondo de tu indignación? 12 Enséñanos a calcular nuestros años, para que nuestro corazón alcance la sabiduría.

13 ¡Vuélvete, Señor! ¿Hasta cuándo...? Ten compasión de tus servidores. 14 Sácianos en seguida con tu amor, y cantaremos felices toda nuestra vida.

15 Alégranos por los días en que nos afligiste, por los años en que soportamos la desgracia. 16 Que tu obra se manifieste a tus servidores, y que tu esplendor esté sobre tus hijos.

17 Que descienda hasta nosotros la bondad del Señor; que el Señor, nuestro Dios, haga prosperar la obra de nuestras manos.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 91: Qui habitat

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 91:

1 Tú que vives al amparo del Altísimo y resides a la sombra del Todopoderoso, 2 di al Señor: “Mi refugio y mi baluarte, mi Dios, en quien confío”.

3 Él te librará de la red del cazador y de la peste perniciosa; 4 te cubrirá con sus plumas, y hallarás un refugio bajo sus alas.

5 No temerás los terrores de la noche, ni la flecha que vuela de día, 6 ni la peste que acecha en las tinieblas, ni la plaga que devasta a pleno sol.

7 Aunque caigan mil a tu izquierda y diez mil a tu derecha, tú no serás alcanzado: 4c su brazo es escudo y coraza.

8 Con sólo dirigir una mirada, verás el castigo de los malos, 9 porque hiciste del Señor tu refugio y pusiste como defensa al Altísimo.

10 No te alcanzará ningún mal, ninguna plaga se acercará a tu carpa, 11 porque él te encomendó a sus ángeles para que te cuiden en todos tus caminos.

12 Ellos te llevarán en sus manos para que no tropieces contra ninguna piedra; 13 caminarás sobre leones y víboras, pisotearás cachorros de león y serpientes.

14 “Él se entregó a mí, por eso, yo lo libraré; lo protegeré, porque conoce mi Nombre; 15 me invocará, y yo le responderé. Estaré con él en el peligro, lo defenderé y lo glorificaré; 16 le haré gozar de una larga vida y le haré ver mi salvación”.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 92: Bonum est confiteri

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 92:

1 Salmo. Canto. Para el día sábado.

2 Es bueno dar gracias al Señor, y cantar, Dios Altísimo, a tu Nombre; 3 proclamar tu amor de madrugada, y tu fidelidad en las vigilias de la noche, 4 con el arpa de diez cuerdas y la lira, con música de cítara.

5 Tú me alegras, Señor, con tus acciones, cantaré jubiloso por la obra de tus manos. 6 ¡Qué grandes son tus obras, Señor, qué profundos tus designios! 7 El hombre insensato no conoce y el necio no entiende estas cosas.

8 Si los impíos crecen como la hierba y florecen los que hacen el mal, es para ser destruidos eternamente: 9 tú, en cambio, eres el Excelso para siempre. 10 Mira, Señor, cómo perecen tus enemigos y se dispersan los que hacen el mal.

11 Pero a mí me das la fuerza de un toro salvaje y me unges con óleo purísimo. 12 Mis ojos han desafiado a mis calumniadores, mis oídos han escuchado la derrota de los malvados.

13 El justo florecerá como la palmera, crecerá como los cedros del Líbano: 14 trasplantado en la Casa del Señor, florecerá en los atrios de nuestro Dios.

15 En la vejez seguirá dando frutos, se mantendrá fresco y frondoso, 16 para proclamar qué justo es el Señor, mi Roca, en quien no existe la maldad.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.