Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN MATUTINA [Día Decimoquinto]

Salmo 75: Confitebimur tibi

***

SALMOS RESPONSORIALES Sal. 75:

1 Del maestro de coro. “No destruyas”. Salmo de Asaf. Canto.

2 Te damos gracias, Señor, te damos gracias: los que invocan tu Nombre narran tus maravillas.

3 “En el momento que yo decida, juzgaré con rectitud. 4 Se conmueve la tierra con todos sus habitantes, pero yo he afianzado sus columnas.

5 Digo a los arrogantes: ‘¡Basta de arrogancia!’, y a los impíos: ‘¡No levanten la frente!, 6 no levanten la frente contra el cielo ni hablen con actitud insolente’”.

7 Porque ni del oriente ni del occidente, ni del desierto ni de las montañas... 8 ¡El Señor es el único Juez, que a unos humilla, y a otros exalta!

9 Hay una copa en la mano del Señor, con un vino espumante, lleno de aromas: la ofrece, y la sorben hasta el final, la beben todos los malvados de la tierra.

10 Pero yo me alegraré para siempre, cantaré al Dios de Jacob: 11 él quebrará el poder de los malvados y acrecentará el poder de los justos.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 76: Notus in Judaea

***

SALMOS RESPONSORIALES Sal. 76:

1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo de Asaf. Canto.

2 Dios es bien conocido en Judá, su Nombre es grande en Israel. 3 En Jerusalén está su Tienda de campaña, en Sión se levanta su Morada. 4 Allí quebró las flechas fulgurantes del arco, el escudo, la espada y las armas de guerra.

5 ¡Tú eres resplandeciente, majestuoso! 6 Montañas de botín fueron arrebatadas a los valientes, que ya duermen el sueño de la muerte: a los guerreros no les respondieron los brazos. 7 Por tu amenaza, Dios de Jacob, quedaron inmóviles los carros de guerra y los caballos.

8 Sólo tú eres temible: ¿quién podrá resistir delante de ti al ímpetu de tu ira? 9 Desde el cielo proclamas la sentencia: la tierra tiembla y enmudece, 10 cuando te alzas para el juicio, Señor, para salvar a los humildes de la tierra.

11 Sí, el furor de los hombres tendrá que alabarte, los que sobrevivan al castigo te festejarán. 12 Hagan votos al Señor, su Dios, y cúmplanlos; los que están a su alrededor, traigan regalos al Temible, 13 al que deja sin aliento a los príncipes y es temible para los reyes de la tierra.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 77: Voce mea ad Dominum

***

SALMOS RESPONSORIALES Sal. 77:

1 Del maestro de coro. Al estilo de Iedutún. De Asaf. Salmo.

2 Invocaré al Señor con toda mi voz, gritaré al Señor, y él me escuchará.

3 Busco al Señor en el momento de mi angustia; de noche, tiendo mi mano sin descanso, y mi alma rechaza todo consuelo.

4 Yo me acuerdo del Señor, y me lamento; medito, y mi espíritu desfallece: 5 tú no me dejas conciliar el sueño, estoy turbado, y no puedo hablar.

6 Pienso en los tiempos antiguos, me acuerdo de los días pasados; 7 reflexiono de noche en mi interior, medito, y mi espíritu se pregunta:

8 ¿Puede el Señor rechazar para siempre? ¿Ya no volverá a mostrarse favorable? 9 ¿Se habrá agotado para siempre su amor, y habrá caducado eternamente su promesa?

10 ¿Se habrá olvidado Dios de su clemencia o, en su enojo, habrá contenido su compasión?

11 Entonces dije –¡y este es mi dolor!–: “¡Cómo ha cambiado la derecha del Altísimo!”.

12 Yo recuerdo las proezas del Señor, sí, recuerdo sus prodigios de otro tiempo; 13 evoco todas sus acciones, medito en todas sus hazañas.

14 Tus caminos son santos, Señor. ¿Hay otro dios grande como nuestro Dios? 15 Tú eres el Dios que hace maravillas, y revelaste tu poder entre las naciones. 16 Con tu brazo redimiste a tu pueblo, a los hijos de Jacob y de José.

17 Cuando te vieron las aguas, Señor, cuando te vieron las aguas, temblaron, ¡se agitaron hasta los abismos del mar!

18 Las nubes derramaron aguaceros, retumbaron los densos nubarrones y zigzaguearon tus rayos.

19 El trueno resonó en la bóveda del cielo, tus relámpagos iluminaron el mundo, tembló y se tambaleó la tierra.

20 Te abriste un camino entre las aguas, un sendero entre las aguas caudalosas, y no quedó ningún rastro de tus huellas.

21 Tú guiaste a tu pueblo como a un rebaño, por medio de Moisés y de Aarón.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.