Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN MATUTINA [Día Décimocuarto]

Salmo 71: In te, Domine, speravi

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 71:

1 Yo me refugio en ti, Señor, ¡que nunca tenga que avergonzarme! 2 Por tu justicia, líbrame y rescátame, inclina tu oído hacia mí, y sálvame.

3 Sé para mí una roca protectora, tú que decidiste venir siempre en mi ayuda, porque tú eres mi Roca y mi fortaleza. 4 ¡Líbrame, Dios mío, de las manos del impío, de las garras del malvado y del violento!

5 Porque tú, Señor, eres mi esperanza y mi seguridad desde mi juventud. 6 En ti me apoyé desde las entrañas de mi madre; desde el seno materno fuiste mi protector, y mi alabanza está siempre ante ti.

7 Soy un motivo de estupor para muchos, pero tú eres mi refugio poderoso. 8 Mi boca proclama tu alabanza y anuncia tu gloria todo el día.

9 No me rechaces en el tiempo de mi vejez, no me abandones, porque se agotan mis fuerzas; 10 mis enemigos hablan contra mí, y los que me acechan se confabulan, diciendo:

11 “Dios lo tiene abandonado: persíganlo, captúrenlo, porque no hay quien lo libre”. 12 ¡Señor, no te quedes lejos de mí; Dios mío, ven pronto a socorrerme!

13 ¡Queden confundidos y humillados los que atentan contra mi vida! ¡Queden cubiertos de oprobio y de vergüenza los que buscan mi perdición!

14 Yo, por mi parte, seguiré esperando y te alabaré cada vez más. 15 Mi boca anunciará incesantemente tus actos de justicia y salvación, aunque ni siquiera soy capaz de enumerarlos.

16 Vendré a celebrar las proezas del Señor, evocaré tu justicia, que es sólo tuya. 17 Dios mío, tú me enseñaste desde mi juventud, y hasta hoy he narrado tus maravillas.

18 Ahora que estoy viejo y lleno de canas, no me abandones, Dios mío, hasta que anuncie las proezas de tu brazo a la generación que vendrá.

19 Tu justicia llega hasta el cielo, Señor: tú has hecho grandes cosas, y no hay nadie igual a ti, Dios mío.

20 Me hiciste pasar por muchas angustias, pero de nuevo me darás la vida; me harás subir de lo profundo de la tierra, 21 acrecentarás mi dignidad y volverás a consolarme.

22 Entonces te daré gracias con el arpa, por tu fidelidad, Dios mío; te cantaré con la cítara, a ti, el Santo de Israel.

23 Mis labios te cantarán jubilosos, y también mi alma, que tú redimiste. 24 Yo hablaré de tu justicia todo el día, porque quedarán confundidos y avergonzados los que buscaban mi perdición.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 72: Deus, judicium

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 72:

1 De Salomón. Concede, Señor, tu justicia al rey y tu rectitud al descendiente de reyes, 2 para que gobierne a tu pueblo con justicia y a tus pobres con rectitud.

3 Que las montañas traigan al pueblo la paz, y las colinas, la justicia; 4 que él defienda a los humildes del pueblo, socorra a los hijos de los pobres y aplaste al opresor.

5 Que dure tanto como el sol y la luna, a lo largo de las generaciones; 6 que sea como lluvia que cae sobre el césped y como chaparrones que riegan la tierra.

7 Que en sus días florezca la justicia y abunde la paz, mientras dure la luna; 8 que domine de un mar hasta el otro, y desde el Río hasta los confines de la tierra.

9 Que se inclinen ante él las tribus del desierto, y sus enemigos muerdan el polvo; 10 que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos; 11 que todos los reyes le rindan homenaje y lo sirvan todas las naciones.

12 Porque él librará al pobre que suplica y al humilde que está desamparado. 13 Tendrá compasión del débil y del pobre, y salvará la vida de los indigentes. 14 Los rescatará de la opresión y la violencia, y la sangre de ellos será preciosa ante sus ojos.

15 Por eso, que viva largamente y le regalen oro de Arabia; que oren por él sin cesar y lo bendigan todo el día.

16 Que en el país abunden los trigales y ondeen sobre las cumbres de las montañas; que sus frutos broten como el Líbano y florezcan como la hierba de los campos.

17 Que perdure su nombre para siempre y su linaje permanezca como el sol; que él sea la bendición de todos los pueblos y todas las naciones lo proclamen feliz.

18 Bendito sea el Señor, Dios de Israel, el único que hace maravillas. 19 Sea bendito eternamente su Nombre glorioso y que su gloria llene toda la tierra. ¡Amén! ¡Amén!

20 Fin de las oraciones de David, hijo de Jesé.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.