Liturgia ANGLICANA

ORACIÓN MATUTINA [Día Primero]

Salmo 1: Beatus vir qui non abiit

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 1:

1 ¡Feliz el hombre que no sigue el consejo de los malvados, ni se detiene en el camino de los pecadores, ni se sienta en la reunión de los impíos, 2 sino que se complace en la ley del Señor y la medita de día y de noche!

3 Él es como un árbol plantado al borde de las aguas, que produce fruto a su debido tiempo, y cuyas hojas nunca se marchitan: todo lo que haga le saldrá bien.

4 No sucede así con los malvados: ellos son como paja que se lleva el viento. 5 Por eso, no triunfarán los malvados en el juicio, ni los pecadores en la asamblea de los justos; 6 porque el Señor cuida el camino de los justos, pero el camino de los malvados termina mal.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 2: Quare fremuerunt gentes?

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 2:

1 ¿Por qué se amotinan las naciones y los pueblos hacen vanos proyectos? 2 Los reyes de la tierra se sublevan, y los príncipes conspiran contra el Señor y contra su Ungido: 3 «Rompamos sus ataduras, librémonos de su yugo».

4 El que reina en el cielo se sonríe; el Señor se burla de ellos. 5 Luego los increpa airadamente y los aterra con su furor: 6 «Yo mismo establecí a mi Rey en Sión, mi santa Montaña».

7 Voy a proclamar el decreto del Señor: 7 Él me ha dicho: «Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy. 8 Pídeme, y te daré las naciones como herencia, y como propiedad, los confines de la tierra. 9 Los quebrarás con un cetro de hierro, los destrozarás como a un vaso de arcilla».

10 Por eso, reyes, sean prudentes; aprendan, gobernantes de la tierra. 11 Sirvan al Señor con temor; 12 temblando, ríndanle homenaje, no sea que se irrite y vayan a la ruina, porque su enojo se enciende en un instante. ¡Felices los que se refugian en él!

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 3: Domine, quid multiplicati?

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 3:

1 Salmo de David. Cuando huía de su hijo Absalón.

2 Señor, ¡qué numerosos son mis adversarios, cuántos los que se levantan contra mí! 3 ¡Cuántos son los que dicen de mí: “Dios ya no quiere salvarlo”!

4 Pero tú eres mi escudo protector y mi gloria, tú mantienes erguida mi cabeza. 5 Invoco al Señor en alta voz y él me responde desde su santa Montaña.

6 Yo me acuesto y me duermo, y me despierto tranquilo porque el Señor me sostiene. 7 No temo a la multitud innumerable, apostada contra mí por todas partes.

8 ¡Levántate, Señor! ¡Sálvame, Dios mío! Tú golpeas en la mejilla a mis enemigos y rompes los dientes de los malvados. 9 ¡En ti, Señor, está la salvación, y tu bendición sobre tu pueblo!

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 4: Cum invocarem

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 4:

1 Del maestro de coro. Para instrumentos de cuerda. Salmo de David.

2 Respóndeme cuando te invoco, Dios, mi defensor, tú, que en la angustia me diste un desahogo: ten piedad de mí y escucha mi oración.

3 Y ustedes, señores, ¿hasta cuando ultrajarán al que es mi Gloria, amarán lo que es falso y buscarán lo engañoso?

4 Sepan que el Señor hizo maravillas por su amigo: él me escucha siempre que lo invoco.

5 Tiemblen, y no pequen más; reflexionen en sus lechos y guarden silencio, 6 ofrezcan los sacrificios que son debidos y tengan confianza en el Señor.

7 Hay muchos que preguntan: “¿Quién nos mostrará la felicidad, si la luz de tu rostro, Señor, se ha alejado de nosotros?”.

8 Pero tú has puesto en mi corazón más alegría que cuando abundan el trigo y el vino. 9 Me acuesto en paz y en seguida me duermo, porque sólo tú, Señor, aseguras mi descanso.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmo 5: Verba mea auribus

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SALMOS RESPONSORIALES Sal. 5:

1 Del maestro de coro. Para flautas. Salmo de David.

2 Señor, escucha mis palabras, atiende a mis gemidos; 3 oye mi clamor, mi Rey y mi Dios, porque te estoy suplicando.

4 Señor, de madrugada ya escuchas mi voz: por la mañana te expongo mi causa y espero tu respuesta.

5 Tú no eres un Dios que ama la maldad; ningún impío será tu huésped, 6 ni los orgullosos podrán resistir delante de tu mirada. Tú detestas a los que hacen el mal 7 y destruyes a los mentirosos. ¡Al hombre sanguinario y traicionero lo abomina el Señor!

8 Pero yo, por tu inmensa bondad, llego hasta tu Casa, y me postro ante tu santo Templo con profundo temor.

9 Guíame, Señor, por tu justicia, porque tengo muchos enemigos: ábreme un camino llano.

10 En su boca no hay sinceridad, su corazón es perverso; su garganta es un sepulcro abierto, aunque adulan con la lengua.

11 Castígalos, Señor, como culpables, que fracasen sus intrigas; expúlsalos por sus muchos crímenes, porque se han rebelado contra ti.

12 Así se alegrarán los que en ti se refugian y siempre cantarán jubilosos; tú proteges a los que aman tu Nombre, y ellos se llenarán de gozo.

13 Porque tú, Señor, bendices al justo, como un escudo lo cubre tu favor.

Gloria al Padre, y al Hijo y al Espíritu Santo: *
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.