Liturgia AMBROSIANA

OFICIO de LECTURAS : VIERNES 8 - TdP

PRIMERA LECTURA
Lectura, año I: 2 Rey. 3. 5-27
ELISEO, PROFETA DE LOS REYES DE JUDÁ E ISRAEL EN LA GUERRA CONTRA LOS MOABITAS.
2 Rey. 3. 5-27:
5 Pero al morir Ajab, el rey de Moab se sublevó contra el rey de Israel. 6 Aquel día, el rey Jorám salió de Samaría y pasó revista a todo Israel. 7 Luego partió y mandó decir a Josafat, rey de Judá: “El rey de Moab se ha sublevado contra mí; ¿quieres venir conmigo a combatir contra Moab?”. Josafat respondió: “Sí, subiré; cuenta conmigo como contigo mismo, con mi gente como con la tuya, con mis caballos como con los tuyos”. 8 Además preguntó: “¿Por qué camino subiremos?”. “Por el camino del desierto de Moab”, respondió Jorám.

9 El rey de Israel, el rey de Judá y el rey de Edóm se pusieron en campaña; pero después de siete días de marcha, faltó el agua para la tropa y para los animales de carga que iban detrás. 10 Entonces el rey de Israel exclamó: “¡Ay, el Señor ha convocado a estos tres reyes para entregarlos en manos de Moab!”. 11 Josafat, por su parte, preguntó: “¿No hay aquí un profeta del Señor, para que podamos consultar al Señor?”. Uno de los servidores del rey de Israel tomó la palabra y dijo: “Aquí está Eliseo, hijo de Safat, el que derramaba agua sobre las manos de Elías”. 12 Y Josafat afirmó: “La palabra del Señor está con él”. El rey de Israel, el rey de Judá y el rey de Edóm bajaron hacia donde estaba Eliseo, 13 pero este dijo al rey de Israel: “¿Qué tengo que ver yo contigo? Recurre a los profetas de tu padre y a los profetas de tu madre”. “De ninguna manera, dijo el rey de Israel, porque el Señor ha convocado a estos tres reyes para entregarlos en manos de Moab”. 14 Eliseo respondió: “¡Por la vida del Señor de los ejércitos, a quien sirvo! Si no fuera por consideración a Josafat, rey de Judá, no te tendría en cuenta y ni siquiera te miraría. 15 Pero ahora, tráiganme un músico”. Y mientras el músico pulsaba las cuerdas, la mano del Señor se posó sobre Eliseo, 16 y él dijo: “Así habla el Señor: Abran zanjas y más zanjas en esta quebrada, 17 porque así habla el Señor: Ustedes no verán viento ni verán lluvia, pero esta quebrada se llenará de agua, para que beban ustedes, su ganado y sus bestias de carga. 18 Y como esto es demasiado poco a los ojos del Señor, él entregará a Moab en manos de ustedes. 19 Derrotarán todas las plazas fuertes y todas las ciudades importantes; talarán los mejores árboles, cegarán todas las fuentes de agua y arruinarán todos los campos fértiles, cubriéndolos de piedras”. 20 En efecto, a la mañana siguiente, a la hora de la ofrenda, vino una correntada por el lado de Edóm y se inundó de agua toda la región.

21 Mientras tanto, todos los moabitas, al oír que los reyes subían a combatir contra ellos, se habían movilizado –desde los que estaban en edad de ceñir las armas en adelante– y se habían apostado en la frontera. 22 A la mañana siguiente, bien de madrugada, cuando el sol brillaba sobre las aguas, los moabitas vieron frente a ellos las aguas rojas como sangre, 23 y dijeron: “¡Es sangre! Seguro que los reyes se batieron a espada y se mataron entre ellos. Y ahora, ¡al saqueo, Moab!”.

24 Pero cuando llegaron al campamento de Israel, surgieron los israelitas y derrotaron a Moab, que huyó delante de ellos. Luego siguieron avanzando y derrotando a Moab: 25 demolieron las ciudades y cada uno arrojó su piedra en los campos fértiles, hasta llenarlos de ellas; cegaron todas las fuentes de agua y talaron los mejores árboles. Al fin, cuando ya no quedó más que Quir Jaréset, los honderos la cercaron y la atacaron. 26 El rey de Moab, al ver que la guerra estaba perdida para él, reunió a setecientos hombres armados de espada, para abrirse una brecha hacia el rey de Edóm; pero fracasó. 27 Entonces tomó a su hijo primogénito, el que debía reinar después de él, y lo ofreció en holocausto sobre la muralla. Y se desencadenó una ira tan grande contra Israel, que debieron retirarse de allí y volver a su país.

Responsorio [ Sal. 17. 2-3. 7. 47 ]

SALMOS RESPONSORIALES Sal. 17. 2-3. 7. 47:

2 Yo te amo, Señor, mi fuerza, 3 Señor, mi Roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, el peñasco en que me refugio, mi escudo, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

7 Pero en mi angustia invoqué al Señor, grité a mi Dios pidiendo auxilio, y él escuchó mi voz desde su Templo, mi grito llegó hasta sus oídos.

47 ¡Viva el Señor! ¡Bendita sea mi Roca! ¡Glorificado sea el Dios de mi salvación,
Lectura, año II: 2 Sam. 11. 1-17. 26-27
EL PECADO DE DAVID
2 Sam. 11. 1-17. 26-27:

1 Al comienzo del año, en la época en que los reyes salen de campaña, David envió a Joab con sus servidores y todo Israel, y ellos arrasaron a los amonitas y sitiaron Rabá. Mientras tanto, David permanecía en Jerusalén.

2 Una tarde, después que se levantó de la siesta, David se puso a caminar por la azotea del palacio real, y desde allí vio a una mujer que se estaba bañando. La mujer era muy hermosa. 3 David mandó a averiguar quién era esa mujer, y le dijeron: “¡Pero si es Betsabé, hija de Eliám, la mujer de Urías, el hitita!”. 4 Entonces David mandó unos mensajeros para que se la trajeran. La mujer vino, y David se acostó con ella, que acababa de purificarse de su menstruación. Después ella volvió a su casa. 5 La mujer quedó embarazada y envió a David este mensaje: “Estoy embarazada”.

6 Entonces David mandó decir a Joab: “Envíame a Urías, el hitita”. Joab se lo envió, 7 y cuando Urías se presentó ante el rey, David le preguntó cómo estaban Joab y la tropa y cómo iba la guerra. 8 Luego David dijo a Urías: “Baja a tu casa y lávate los pies”. Urías salió de la casa del rey y le mandaron detrás un obsequio de la mesa real. 9 Pero Urías se acostó a la puerta de la casa del rey junto a todos los servidores de su señor, y no bajó a su casa.

10 Cuando informaron a David que Urías no había bajado a su casa, el rey le dijo: “Tú acabas de llegar de viaje. ¿Por qué no has bajado a tu casa?”. 11 Urías respondió a David: “El Arca, Israel y Judá viven en tiendas de campaña; mi señor Joab y los servidores de mi señor acampan a la intemperie, ¿y yo iré a mi casa a comer, a beber y a acostarme con mi mujer”? ¡Por la vida del Señor y por tu propia vida, nunca haré una cosa así!”. 12 David dijo entonces a Urías: “Quédate aquí todavía hoy, y mañana te dejaré partir”. Urías se quedó en Jerusalén aquel día y el día siguiente. 13 David lo invitó a comer y a beber en su presencia y lo embriagó. A la noche, Urías salió y se acostó junto a los servidores de su señor, pero no bajó a su casa.

14 A la mañana siguiente, David escribió una carta a Joab y se la mandó por intermedio de Urías. 15 En esa carta, había escrito lo siguiente: “Pongan a Urías en primera línea, donde el combate sea más encarnizado, y después déjenlo solo, para que sea herido y muera”. 16 Joab, que tenía cercada la ciudad, puso a Urías en el sitio donde sabía que estaban los soldados más aguerridos. 17 Los hombres de la ciudad hicieron una salida y atacaron a Joab. Así cayeron unos cuantos servidores de David, y también murió Urías, el hitita.

26 Cuando la mujer de Urías se enteró de que su marido había muerto, estuvo de duelo por él. 27 Cuando dejó de estar de luto, David mandó a buscarla y la recibió en su casa. Ella se convirtió en su esposa y le dio un hijo. Pero lo que había hecho David desagradó al Señor.

Responsorio [ Sal. 50. 11. 5. 12 ]

SALMOS RESPONSORIALES Sal. 50. 11. 5a. 12:

11 Aparta tu vista de mis pecados y borra todas mis culpas.

5 Porque yo reconozco mis faltas y mi pecado está siempre ante mí.

12 Crea en mí, Dios mío, un corazón puro, y renueva la firmeza de mi espíritu.
SEGUNDA LECTURA
Lectura, año I:
Del «Catecismo» de San Juan María Vianney, presbítero.
Lectura, año II:
De «Las dos aplogías de David» de San Ambrosio, obispo.
(II, 35-37: SAEMO 5, 181-185)
Cristo es la puerta