Liturgia AMBROSIANA

OFICIO de LECTURAS : MIÉRCOLES 8 - TdP

PRIMERA LECTURA
Lectura, año I: 2 Crón. 20. 1-9. 13-24
ADMIRABLE PROTECCIÓN DE DIOS SOBRE EL FIEL REY JOSAFAT
2 Crón. 20. 1-9. 13-24:

1 Después de un tiempo, los moabitas y los amonitas, junto con algunos maonitas, fueron a combatir contra Josafat. 2 Entonces informaron a Josafat, diciéndole: “Una gran multitud, procedente de Edóm, avanza contra ti desde el otro lado del mar, y ya están en Jasasón Tamar, es decir, en Engadí”.

3 Josafat, muy atemorizado, decidió consultar al Señor y proclamó un ayuno en todo Judá. 4 Judá se reunió para implorar al Señor, y acudió gente de todas las ciudades. 5 Entonces Josafat se puso de pie en medio de la asamblea de Judá y de Jerusalén, en la Casa del Señor, delante del atrio nuevo, 6 y dijo: “Señor, Dios de nuestros padres, ¿acaso no eres tú el Dios del cielo y el que dominas a todos los reinos de las naciones? ¿No están en tu mano la fuerza y el poder, sin que nadie pueda resistirte? 7 ¿No has sido tú, Dios nuestro, el que expulsaste a los habitantes de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y se la entregaste para siempre a los descendientes de tu amigo Abraham? 8 Ellos la han habitado y han edificado un Santuario para tu Nombre, diciendo: 9 ‘Si nos sobreviene alguna desgracia –la espada, el castigo, la peste o el hambre– nos presentaremos delante de esta Casa y delante de ti, porque tu Nombre reside en ella; te invocaremos en nuestra angustia, y tú oirás y nos salvarás’.

13 Todo Judá permanecía de pie delante del Señor, con sus niños, sus mujeres y sus hijos. 14 Entonces el espíritu del Señor descendió sobre Iajaziel, hijo de Zacarías, hijo de Benaías, hijo de Ieiel, hijo de Matanías, uno de los levitas de los hijos de Asaf, que estaba en medio de la asamblea. 15 Y él dijo: “¡Presten atención, todo Judá, todos ustedes, habitantes de Jerusalén, y tú, rey Josafat! Así les habla el Señor: No teman ni se acobarden ante esa gran muchedumbre, porque esta guerra no es de ustedes sino de Dios. 16 Bajen a atacarlos mañana: ellos suben por la cuesta de Sis y ustedes los encontrarán al extremo del valle, frente al desierto de Ieruel. 17 No tendrán necesidad de combatir en esta ocasión: deténganse allí sin moverse y verán la salvación que el Señor les tienen preparada. ¡No teman ni se acobarden, Judá y Jerusalén! Salgan mañana a enfrentarse con ellos, porque el Señor estará con ustedes”.

18 Josafat se postró con el rostro en tierra; y todo Judá y los habitantes de Jerusalén se postraron ante el Señor para adorarlo. 19 Y los levitas del grupo de los descendientes de Quehat y de los descendientes de Coré se levantaron para alabar en alta voz al Señor, el Dios de Israel.

20 Al día siguiente, muy de madrugada, salieron hacia el desierto de Técoa. Mientras salían, Josafat se puso de pie y dijo: “¡Escuchen, Judá y habitantes de Jerusalén! Tengan confianza en el Señor, nuestro Dios, y estarán seguros; confíen en sus profetas y triunfarán”. 21 Después de consultar al pueblo, designó a unos cantores, para que avanzaran al frente de los guerreros, revestidos con los ornamentos sagrados y alabaran al Señor, diciendo: “¡Alaben al Señor, porque es eterno su amor!”. 22 En el momento en que ellos comenzaron las aclamaciones y las alabanzas, el Señor sembró la discordia entre los amonitas, los moabitas y los de las montañas de Seír que habían venido a invadir a Judá, y se batieron entre sí. 23 Los amonitas y los moabitas se levantaron contra los habitantes de las montañas de Seír, para consagrarlos al exterminio total y aniquilarlos, y cuando acabaron con los habitantes de Seír, se destruyeron mutuamente.

24 Cuando los hombres de Judá llegaron a la cima que domina el desierto y volvieron sus ojos hacia la multitud, no vieron más que cadáveres tendidos por tierra, porque ninguno había podido escapar.

Responsorio [ 2 Crón. 20. 6-7. 12; Sal. 20. 14 ]

2 Crón. 20. 6-7. 12:
6 y dijo: “Señor, Dios de nuestros padres, ¿acaso no eres tú el Dios del cielo y el que dominas a todos los reinos de las naciones? ¿No están en tu mano la fuerza y el poder, sin que nadie pueda resistirte? 7 ¿No has sido tú, Dios nuestro, el que expulsaste a los habitantes de esta tierra delante de tu pueblo Israel, y se la entregaste para siempre a los descendientes de tu amigo Abraham? 12 Dios nuestro, ¿no harás justicia contra ellos? Porque nosotros no tenemos fuera contra esta gran multitud que viene a atacarnos, y no sabemos qué hacer. Pero nuestros ojos están puestos en ti”.
SALMOS RESPONSORIALES Sal. 20. 14:

14 ¡Levántate, Señor, con tu fuerza, para que cantemos y celebremos tus proezas!
Lectura, año I: 2 Sam. 6. 1-23
EL ARCA DE LA ALIANZA ES LLEVADA A JERUSALÉN
2 Sam. 6. 1-23:

1 David reunió nuevamente a lo más selecto de Israel –treinta mil hombres– 2 y con todo el pueblo que lo acompañaba se dirigió hacia Baalá de Judá, para subir de allí el Arca de Dios, la cual es llamada con el Nombre, el nombre del Señor de los ejércitos, que tiene su trono sobre los querubines. 3 Luego cargaron el Arca de Dios en un carro nuevo y se la llevaron de la casa de Abinadab, que está sobre la colina. Uzá y Ajió, los hijos de Abinadab, conducían el carro. 4 Uzá iba al lado del Arca, y Ajió avanzaba delante de ella. 5 Mientras tanto, David y toda la casa de Israel hacían grandes festejos en honor del Señor, cantando al son de cítaras, arpas, tamboriles, címbalos y platillos.

6 Cuando llegaron a la era de Nacón, Uzá extendió su mano hacia el Arca de Dios y la sostuvo, porque los bueyes habían resbalado. 7 Entonces la ira del Señor se encendió contra Uzá, y Dios lo hirió allí mismo por ese error. Así el murió junto al Arca de Dios. 8 David se conmovió, porque el Señor había acometido contra Uzá, y aquel lugar se llamó Peres Uzá –que significa “Brecha de Uzá– hasta el día de hoy.

9 Aquel día, David tuvo miedo del Señor y dijo: “¿Cómo va a entrar en mi casa el Arca del Señor?”. 10 Y no quiso trasladar el Arca del Señor a su casa, a la Ciudad de David, sino que mandó que la llevaran a la casa de Obededóm de Gat. 11 El Arca del Señor permaneció tres meses en la casa de Obededóm de Gat, y el Señor bendijo a Obededóm y a toda su familia.

12 Cuando informaron a David: “El Señor ha bendecido a la familia de Obededóm y todos sus bienes a causa del Arca de Dios”, David partió e hizo subir el Arca de Dios desde la casa de Obededóm a la Ciudad de David, con gran alegría. 13 Los que transportaban el Arca del Señor avanzaron seis pasos, y él sacrificó un buey y un ternero cebado. 14 David, que sólo llevaba ceñido un efod de lino, iba danzando con todas sus fuerzas delante del Señor. 15 Así, David y toda la casa de Israel subieron el Arca del Señor en medio de aclamaciones y al sonido de trompetas.

16 Mientras el Arca del Señor entraba en la Ciudad de David, Mical, la hija de Saúl, se asomó por la ventana. Y al ver al rey David que saltaba y danzaba delante del Señor, lo despreció en su corazón.

17 Luego introdujeron el Arca del Señor y la instalaron en su sitio, en medio de la carpa que David había levantado para ella, y David ofreció holocaustos y sacrificios de comunión delante del Señor. 18 Cuando David terminó de ofrecer el holocausto y los sacrificios de comunión, bendijo al pueblo en nombre del Señor de los ejércitos. 19 Después repartió a todo el pueblo, a toda la multitud de Israel, hombres y mujeres, una hogaza de pan, un pastel de dátiles y uno de pasas de uva por persona. Luego todo el pueblo se fue, cada uno a su casa.

20 Cuando David se volvía para bendecir a su casa, le salió al encuentro Mical, la hija de Saúl, y le dijo: “¡Hoy sí que se ha lucido el rey de Israel, mostrándose desnudo a la vista de las esclavas de sus servidores, como se desnudaría un inútil cualquiera!”. 21 Pero David replicó a Mical: “Lo hice delante del Señor, que me eligió en lugar de tu padre y de toda su casa, para constituirme jefe del pueblo del Señor, de Israel. He bailado ante el Señor, 22 y me humillaré todavía más, envileciéndome así a tus ojos. En cambio, esas esclavas de que hablas, ellas sí me considerarán digno de honra”. 23 Y Mical, hija de Saúl, no tuvo hijos hasta el día de su muerte.

Responsorio [ 2 Sam. 6. 9 1 Crón. 13. 14; Lc. 1. 43 ]

2 Sam. 6. 9:

9 Aquel día, David tuvo miedo del Señor y dijo: “¿Cómo va a entrar en mi casa el Arca del Señor?”.
1 Crón. 13. 14:
14 El Arca de Dios permaneció tres meses en la casa de Obededóm. Y el Señor bendijo la casa de Obededóm y todos sus bienes.
Lc. 1. 43:

43 ¿Quién soy yo, para que la madre de mi Señor venga a visitarme?
SEGUNDA LECTURA
Lectura, año II:
De la CARTA A LOS FILIPENES,de San Policarpo, obispo y mártir
(Capp. 1, 1 - 2,3: Funk, 1, 267-269)
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