Liturgia AMBROSIANA

OFICIO de LECTURAS : MARTES 9 - TdP

PRIMERA LECTURA
Lectura, año I: 2 Rey. 6. 8-23
ELISEO CAPTURA DE FORMA MILAGROSA A SUS ENEMIGOS Y LOS LIBRA MISERICORDIOSAMENTE.
2 Rey. 6. 8-23:

8 El rey de Arám estaba en guerra con Israel. Cuando él se reunía en consejo con sus oficiales y decía: “Acamparé en tal o cual lugar”, 9 el hombre de Dios mandaba decir al rey de Israel: “Cuidado con pasar por tal lugar, porque allí han bajado los arameos”. 10 Entonces el rey de Israel enviaba algunos hombres al lugar que le había dicho el hombre de Dios. Eliseo le avisaba, y él tomaba las precauciones debidas. Esto sucedió más de una vez.

11 El rey de Arám se alarmó ante este hecho. Llamó a sus oficiales y les dijo: “Es preciso que me informen quién de entre nosotros está a favor del rey de Israel”. 12 Pero uno de los oficiales le respondió: “No, majestad; Eliseo, el profeta de Israel, es el que comunica al rey de Israel las palabras que tú pronuncias aun en tu dormitorio”. 13 El rey dijo: “Vayan y vean dónde está, y yo mandaré a detenerlo”. Le informaron que estaba en Dotán, 14 y él envió caballos, carros de guerra y un fuerte destacamento, que llegaron durante la noche y cercaron la ciudad.

15 A la mañana siguiente, el servidor del hombre de Dios se levantó de madrugada y salió. Y al ver que las tropas rodeaban la ciudad con caballos y carros de guerra, dijo a Eliseo: “Ay, señor, ¿cómo vamos a hacer?”. 16 “No temas, respondió él, porque los que están con nosotros son más que los que están con ellos”. 17 Luego Eliseo oró diciendo: “Señor, ábrele los ojos para que vea”. El Señor abrió los ojos del servidor, y él vio que la montaña estaba repleta de caballos y carros de guerra alrededor de Eliseo.

18 Cuando los arameos descendían hacia él, Eliseo oró al Señor, diciendo: “¡Por favor, enceguece a esta gente!”. Y él los encegueció, conforme a la palabra de Eliseo. 19 Entonces Eliseo les dijo: “No es este el camino ni es esta la ciudad. Síganme y yo los llevaré hacia donde está el hombre que ustedes buscan”. Y los llevó a Samaría. 20 Una vez que entraron en la ciudad, Eliseo dijo: “Señor, abre los ojos de esta gente para que vean”. El Señor les abrió los ojos, y vieron que estaban dentro de Samaría.

21 El rey de Israel, al verlos, dijo a Eliseo: “¿Tengo que matarlos, padre mío?”. 22 Él replicó: “No los mates. ¿Acaso haces morir a todos los que tu espada y tu arco han tomado prisioneros? Sírveles pan y agua; que coman y beban y después se vayan con su señor. 23 El rey les hizo servir un gran banquete; ellos comieron y bebieron, y después los despidió para que se fueran con su señor. Las bandas arameas no volvieron a incursionar en territorio de Israel.

Responsorio [ Deut. 32. 39; Mt. 5. 48 ]

Deut. 32. 39: R*.

39 Miren bien que yo, sólo yo soy, y no hay otro dios junto a mí. Yo doy la muerte y la vida, yo hiero y doy la salud, y no hay nadie que libre de mi mano.
Mt. 5. 48: V.

48 Por lo tanto, sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.
Lectura, año II: 2 Sam. 24. 1-4. 10-18. 24-25
EL CENSO DEL PUEBLO Y LA EDIFICACIÓN DEL ALTAR
2 Sam. 24. 1-4. 10-18. 24-25:

1 El Señor volvió a indignarse contra los israelitas e instigó a David contra ellos, diciéndole: “Ve a hacer el censo de Israel y de Judá”. 2 El rey dijo a Joab, el jefe del ejército, que estaba con él: “Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba y hagan el censo del pueblo, para que yo sepa el número de la población”. 3 Joab respondió al rey: “Que el Señor, tu Dios, multiplique al pueblo cien veces más de lo que es, y que los ojos de mi señor, el rey, puedan verlo. Pero ¿por qué quieres hacer esto?”. 4 Sin embargo, la orden del rey se impuso a Joab y a los jefes del ejército, y estos salieron de la presencia del rey para hacer el censo del pueblo de Israel.

10 Pero, después de esto, David sintió remordimiento de haber hecho el recuento de la población, y dijo al Señor: “He pecado gravemente al obrar así. Dígnate ahora, Señor, borrar la falta de tu servidor, porque me he comportado como un necio”.

11 A la mañana siguiente, cuando David se levantó, la palabra del Señor había llegado al profeta Gad, el vidente de David, en estos términos: 12 “Ve a decir a David: Así habla el Señor: Te propongo tres cosas. Elige una, y yo la llevaré a cabo”. 13 Gad se presentó a David y le llevó la noticia, diciendo: “¿Qué prefieres: soportar tres años de hambre en tu país, o huir tres meses ante la persecución de tu enemigo, o que haya tres días de peste en tu territorio? Piensa y mira bien ahora lo que debo responder al que me envió”. 14 David dijo a Gad: “¡Estoy en un grave aprieto! Caigamos más bien en manos del Señor, porque es muy grande su misericordia, antes que caer en manos de los hombres”.

15 Entonces el Señor envió la peste a Israel, desde esa mañana hasta el tiempo señalado, y murieron setenta mil hombres del pueblo, desde Dan hasta Berseba. 16 El Ángel extendió la mano hacia Jerusalén para exterminarla, pero el Señor se arrepintió del mal que le infligía y dijo al Ángel que exterminaba al pueblo: “¡Basta ya! ¡Retira tu mano!”. El Ángel del Señor estaba junto a la era de Arauná, el jebuseo. 17 Y al ver al Ángel que castigaba al pueblo, David dijo al Señor: “¡Soy yo el que he pecado! ¡Soy yo el culpable! Pero estos, las ovejas, ¿qué han hecho? ¡Descarga tu mano sobre mí y sobre la casa de mi padre!”.

18 Aquel mismo día, Gad se presentó a David y le dijo: “Sube a erigir un altar al Señor en la era de Arauná, el jebuseo”.

24 Pero el rey dijo a Arauná: “¡De ninguna manera! La compraré por su debido precio; no voy a ofrecer al Señor, mi Dios, holocaustos que no cuestan nada”. Y David compró la era y los bueyes por cincuenta siclos de plata.

25 Allí David erigió un altar y ofreció holocaustos y sacrificios de comunión. El Señor aplacó su ira y la plaga cesó de abatirse sobre Israel.

Responsorio [ 2 Sam. 24. 10. 14; Sal. 117. 6. 8 ]

2 Sam. 24. 10. 14:

10 Pero, después de esto, David sintió remordimiento de haber hecho el recuento de la población, y dijo al Señor: “He pecado gravemente al obrar así. Dígnate ahora, Señor, borrar la falta de tu servidor, porque me he comportado como un necio”. 14 David dijo a Gad: “¡Estoy en un grave aprieto! Caigamos más bien en manos del Señor, porque es muy grande su misericordia, antes que caer en manos de los hombres”.
SALMOS RESPONSORIALES Sal. 117. 6. 8:

6 El Señor está conmigo: no temeré; ¿qué podrán hacerme los hombres?

8 Es mejor refugiarse en el Señor que fiarse de los hombres;
SEGUNDA LECTURA
Lectura, año II:
De la «Carta a los Corintios», de san Clemente I, papa
(Cap. 19, 2 - 20, 12: Funk 1, 87-89)
Dios comanda el mundo con armonía y concordia y hace bien a todos