Liturgia AMBROSIANA

OFICIO de LECTURAS : LUNES 9 - TdP

PRIMERA LECTURA
Lectura, año I: 2 Rey. 5. 1-14
ELISEO REVELA EL PODER DE DIOS EN LA CURACIÓN DE NAAMÁN DE SIRIA
2 Rey. 5. 1-14:

1 Naamán, general del ejército del rey de Arám, era un hombre prestigioso y altamente estimado por su señor, porque gracias a él, el Señor había dado la victoria a Arám. Pero este hombre, guerrero valeroso, padecía de una enfermedad en la piel. 2 En una de sus incursiones, los arameos se habían llevado cautiva del país de Israel a una niña, que fue puesta al servicio de la mujer de Naamán. 3 Ella dijo entonces a su patrona: “¡Ojalá mi señor se presentara ante el profeta que está en Samaría! Seguramente, él lo libraría de su enfermedad”. 4 Naamán fue y le contó a su señor: “La niña del país de Israel ha dicho esto y esto”. 5 El rey de Arám respondió: “Está bien, ve, y yo enviaré una carta al rey de Israel”. Naamán partió llevando consigo diez talentos de plata, seis mil siclos de oro y diez trajes de gala, 6 y presentó al rey de Israel la carta que decía: “Al mismo tiempo que te llega esta carta, te envío a Naamán, mi servidor, para que lo libres de su enfermedad”. 7 Apenas el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras y dijo: “¿Acaso yo soy Dios, capaz de hacer morir y vivir, para que este me mande librar a un hombre de su enfermedad? Fíjense bien y verán que él está buscando un pretexto contra mí”.

8 Cuando Eliseo, el hombre de Dios, oyó que el rey de Israel había rasgado sus vestiduras, mandó a decir al rey: “¿Por qué has rasgado tus vestiduras? Que él venga a mí y sabrá que hay un profeta en Israel”. 9 Naamán llegó entonces con sus caballos y su carruaje, y se detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. 10 Eliseo mandó un mensajero para que le dijera: “Ve a bañarte siete veces en el Jordán; tu carne se restablecerá y quedarás limpio”. 11 Pero Naamán, muy irritado, se fue diciendo: “Yo me había imaginado que saldría él personalmente, se pondría de pie e invocaría el nombre del Señor, su Dios; luego pasaría su mano sobre la parte afectada y curaría al enfermo de la piel. 12 ¿Acaso los ríos de Damasco, el Abaná y el Parpar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No podía yo bañarme en ellos y quedar limpio?”. Y dando media vuelta, se fue muy enojado. 13 Pero sus servidores se acercaron para decirle: “Padre, si el profeta te hubiera mandado una cosa extraordinaria ¿no la habrías hecho? ¡Cuánto más si él te dice simplemente: Báñate y quedarás limpio!”. 14 Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio.

Responsorio [ Rom. 6. 3-4; Rom. 6. 8; 2 Rey. 5. 14; ]

Rom. 6. 3-4: R.

3 ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? 4 Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.
Rom. 6. 8: V.

8 Pero si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él.
2 Rey. 5. 14: R.
14 Entonces bajó y se sumergió siete veces en el Jordán, conforme a la palabra del hombre de Dios; así su carne se volvió como la de un muchacho joven y quedó limpio.
Lectura, año II: 2 Sam. 18. 6-17. 24-19. 4
MUERTE DE ABSALÓN Y DUELO DE DAVID
2 Sam. 18. 6-17. 24-19. 4:

6 La tropa salió al campo abierto para enfrentarse con Israel, y se entabló batalla en el bosque de Efraím. 7 Allí el ejército de Israel cayó derrotado ante los servidores de David, y aquel día el desastre fue tan grande, que hubo veinte mil bajas. 8 Desde allí el combate se extendió a toda la región, y el bosque devoró aquel día más gente que la espada.

9 De pronto, Absalón se encontró frente a los servidores de David. Iba montado en un mulo, y este se metió bajo el tupido ramaje de una gran encina, de manera que la cabeza de Absalón quedó enganchada en la encina. Así él quedó colgado entre el cielo y la tierra, mientras el mulo seguía de largo por debajo de él. 10 Al verlo, un hombre avisó a Joab: “¡Acabo de ver a Absalón colgado de una encina!”. 11 Joab replicó al hombre que le dio la noticia: “Y si lo viste, ¿por qué no lo dejaste tendido allí mismo? ¡Yo ahora te hubiera dado diez siclos de plata y un cinturón!”. 12 Pero el hombre dijo a Joab: “Aunque pudiera pesar en la palma de mi mano mil siclos de plata, no atentaría contra el hijo del rey. Porque en presencia nuestra el rey les impartió esta orden, a ti, a Abisai y a Itai: ‘¡Cuídenme bien al joven Absalón!’. 13 Y si yo hubiera atentado alevosamente contra su vida, como al rey no se le oculta nada, tú te habrías puesto contra mí”. 14 Entonces Joab replicó: “No voy a perder más tiempo contigo”. Y tomando en su mano tres dardos, los clavó en el corazón de Absalón, que estaba todavía vivo en medio de la encina. 15 Luego diez jóvenes, los escuderos de Joab, rodearon a Absalón y lo acabaron de matar.

16 Joab hizo sonar el cuerno y la tropa dejó de perseguir a Israel, porque Joab la retuvo. 17 Luego tomaron a Absalón, lo arrojaron en un gran pozo, en plena foresta, y pusieron encima un enorme montón de piedras. Mientras tanto, todo Israel huyó, cada uno a su carpa.

18 Absalón se había erigido en vida una piedra conmemorativa, que está en el valle del Rey. Porque él decía: “Yo no tengo un hijo para perpetuar mi nombre”. A esa estela la había llamado con su nombre, y se la llama “Monumento de Absalón” hasta el día de hoy.

19 Ajimáas, hijo de Sadoc, dijo: “¡Iré corriendo a llevar al rey la buena noticia de que el Señor le ha hecho justicia, librándolo de sus enemigos!”. 20 Joab le respondió: “Hoy no serás portador de buenas noticias. Otro día sí lo serás, pero hoy no vas a llevar una buena noticia, porque ha muerto el hijo del rey”. 21 Luego Joab dijo a un cusita: “Ve a informar al rey de lo que has visto”. El cusita se postró delante de Joab y salió corriendo. 22 Ajimáas volvió a decir a Joab: “Pase lo que pase, yo también iré corriendo detrás del cusita”. Joab replicó: “¿Para qué vas a correr, hijo mío? Esa buena noticia no te reportará nada bueno”. 23 Pero él insistió: “¡Pase lo que pase, iré corriendo!”. Entonces Joab le dijo: “Está bien, corre”. Ajimáas fue corriendo por el camino del Distrito y se adelantó al cusita.

24 David estaba sentado entre las dos puertas. El centinela, que había subido a la azotea de la Puerta, encima de la muralla, alzó los ojos y vio a un hombre que corría solo. 25 El centinela lanzó un grito y avisó al rey. El rey dijo: “Si está solo, trae una buena noticia”. Mientras el hombre se iba acercando, 26 el centinela divisó a otro que venía corriendo y gritó al portero: “¡Otro hombre viene corriendo solo!”. El rey comentó: “Ese también trae una buena noticia”. 27 Luego el centinela dijo: “Por la manera de correr, me parece que el primero es Ajimáas, hijo de Sadoc”. Entonces el rey dijo: “Es una buena persona: seguro que viene con buenas noticias”.

28 Cuando Ajimáas se acercó, dijo al rey: “¡Paz!”. Y postrándose ante el rey con el rostro en tierra, añadió: “¡Bendito sea el Señor, tu Dios, que ha reprimido a los hombres que alzaron su mano contra el rey, mi señor!”. 29 El rey preguntó: “¿Está bien el joven Absalón?”. Ajimaás respondió: “Cuando me envió Joab, el servidor del rey, vi un gran tumulto, pero no sé de qué se trataba”. 30 El rey le ordenó: “Retírate y quédate allí”. Él se retiró y se quedó de pie.

31 En seguida llegó el cusita y dijo: “¡Que mi señor, el rey, se entere de la buena noticia! El Señor hoy te ha hecho justicia, librándote de todos los que se sublevaron contra ti”. 32 El rey preguntó al cusita: “¿Está bien el joven Absalón?”. El cusita respondió: “¡Que tengan la suerte de ese joven los enemigos de mi señor, el rey, y todos los rebeldes que buscan tu desgracia!”. 4 La propuesta de Ajitófel le pareció bien a Absalón y a todos los ancianos de Israel.

Responsorio [ Sal. 101. 5; Sal. 101. 13; Sal. 101. 10 ]

SALMOS RESPONSORIALES Sal. 101. 5: R.

5 mi corazón se seca, marchitado como la hierba, ¡y hasta me olvido de comer mi pan!
SALMOS RESPONSORIALES Sal. 101. 13: R2.

13 Pero tú, Señor, reinas para siempre, y tu Nombre permanece eternamente.
SALMOS RESPONSORIALES Sal. 101. 10: V.

10 Yo como ceniza en vez de pan y mezclo mi bebida con lágrimas,
SEGUNDA LECTURA
Lectura, año I: Jn. 13. 8 Jn. 13. 4-5 Jn. 13. 9 Cant. 5. 3 Jn. 13. 13-14 Lc. 10. 19
Del tratado sobre «El Espíritu Santo» de san Ambrosio, obispo.
[Textos bíblicos citados]
Jn. 13. 8:

8 «No, le dijo Pedro, ¡tú jamás me lavarás los pies a mí!» . Jesús le respondió: «Si yo no te lavo, no podrás compartir mi suerte».
Jn. 13. 4-5:

4 se levantó de la mesa, se sacó el manto y tomando una toalla se la ató a la cintura. 5 Luego echó agua en un recipiente y empezó a lavar los pies a los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía en la cintura.
Jn. 13. 9:

9 «Entonces, Señor, le dijo Simón Pedro, ¡no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza!».
Cant. 5. 3:

3 “Ya me quité la túnica, ¿cómo voy a ponérmela de nuevo? Ya me lavé los pies, ¿cómo voy a ensuciármelos?”.
Jn. 13. 13-14:

13 Ustedes me llaman Maestro y Señor; y tienen razón, porque lo soy. 14 Si yo, que soy el Señor y el Maestro, les he lavado los pies, ustedes también deben lavarse los pies unos a otros.
Lc. 10. 19:

19 Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos.
Lectura, año II: Ef. 2. 14; Ef. 2. 16; Rom. 13. 13
Dal tratado «El ideal perfecto del cristiano», de san Gregorio de Nisa, obispo.
[Textos bíblicos citados...]
Ef. 2. 14:

14 Porque Cristo es nuestra paz: él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba,
Ef. 2. 16:

16 y los reconcilió con Dios en un solo Cuerpo, por medio de la cruz, destruyendo la enemistad en su persona.
Rom. 13. 13:
13 Como en pleno día, procedamos dignamente: basta de excesos en la comida y en la bebida, basta de lujuria y libertinaje, no más peleas ni envidias.