Liturgia AMBROSIANA

OFICIO de LECTURAS : DOMINGO 9 - TdP

PRIMERA LECTURA
Lectura, año II: 2 Sam. 15. 7-14. 24-30; 2 Sam. 16. 5-13
REBELIÓN DE ABSALÓN Y HUÍDA DE DAVID
2 Sam. 15. 7-14. 24-30:

7 Al cabo de cuatro años, Absalón dijo al rey: “Por favor, déjame ir a Hebrón para cumplir el voto que hice al Señor. 8 Porque mientras estaba en Guesur de Arám, tu servidor pronunció este voto: ‘Si el Señor me hace volver a Jerusalén, iré a rendirle culto en Hebrón’”. 9 El rey le respondió: “Vete en paz”. Y él partió en seguida para Hebrón.

10 Mientras tanto, Absalón había enviado emisarios por todas las tribus de Israel, con esta consigna: “Apenas oigan el toque de la trompeta, ustedes dirán: ‘¡Absalón es rey en Hebrón!’”. 11 Junto con Absalón partieron de Jerusalén doscientos hombres, invitados por él, que iban con toda inocencia, sin sospechar nada del asunto. 12 Además, Absalón hizo venir de Guiló, su ciudad, a Ajitófel, el guilonita, consejero de David, y este lo acompañó mientras ofrecía los sacrificios. La conjuración fue tomando fuerza, y los secuaces de Absalón eran cada vez más numerosos.

13 Cuando David recibió esta noticia: “Todos los hombres de Israel están de parte de Absalón”, 14 dijo a todos sus servidores que estaban con él en Jerusalén: “¡Rápido, huyamos! Si Absalón se nos pone delante, no tendremos escapatoria. ¡Apúrense a partir, no sea que él nos sorprenda, que precipite la desgracia sobre nosotros y pase la ciudad al filo de la espada!”.

24 Allí estaba también Sadoc, con todos los levitas que transportaban el Arca de Dios. Ellos depositaron el Arca de Dios junto a Abiatar, hasta que todo el pueblo terminó de salir de la ciudad. 25 Pero el rey dijo a Sadoc: “Lleva de nuevo el Arca de Dios a la ciudad. Si el Señor me mira favorablemente, me hará volver a ver el Arca y su morada. 26 Y si dice: ‘No me complazco en ti’, aquí me tiene: ¡que haga conmigo lo que más le agrade!”. 27 Y el rey siguió diciendo al sacerdote Sadoc: “Mira, tú y Abiatar vuelvan en paz a la ciudad, y lleven con ustedes a sus dos hijos, a tu hijo Ajimáas y a Jonatán, el hijo de Abiatar. 28 Yo me voy a demorar en los pasos del desierto, hasta que reciba noticias de ustedes”. 29 Entonces Sadoc y Abiatar llevaron de vuelta el Arca de Dios a Jerusalén, y permanecieron allí.

30 David subía la cuesta de los Olivos; iba llorando, con la cabeza cubierta y los pies descalzos. Todo el pueblo que lo acompañaba también llevaba la cabeza cubierta, y lloraba mientras subía.
2 Sam. 16. 5-13:

5 Cuando el rey llegaba a Bajurím salió de allí un hombre del mismo clan que la casa de Saúl, llamado Simei, hijo de Guerá. Mientras salía, iba lanzando maldiciones, 6 y arrojaba piedras contra David y contra sus servidores, a pesar de que todo el pueblo y todos los guerreros marchaban a la derecha y a la izquierda del rey. 7 Y al maldecirlo, decía: “¡Fuera, fuera, hombre sanguinario y canalla! 8 El Señor hace recaer sobre ti toda la sangre de la casa de Saúl, a quien tú has usurpado el reino. ¡El Señor ha puesto la realeza en manos de tu hijo Absalón, mientras que tú has caído en desgracia, porque eres un sanguinario!”. 9 Abisai, hijo de Seruiá, dijo al rey: “¿Cómo ese perro muerto va a maldecir a mi señor, el rey? ¡Deja que me cruce y le cortaré la cabeza!”. 10 Pero el rey replicó: “¿Qué tengo que ver yo con ustedes, hijos de Seruiá? Si él maldice, es porque el Señor le ha dicho: ‘¡Maldice a David!’. ¿Quién podrá entonces reprochárselo?”. 11 Luego David dijo a Abisai y a todos sus servidores: “Si un hijo mío, nacido de mis entrañas, quiere quitarme la vida, ¡cuánto más este benjaminita! Déjenlo que maldiga, si así se lo ha dicho el Señor. 12 Quizá el Señor mire mi humillación y me devuelva la felicidad, a cambio de esta maldición que hoy recibo de él”.

13 David siguió con sus hombres por el camino, mientras Simei iba por la ladera de la montaña, al costado de él; y a medida que avanzaba, profería maldiciones, arrojaba piedras y levantaba polvo.

Responsorio [ Sal. 40. 6. 8. 11. 10 ]

SALMOS RESPONSORIALES Sal. 40. 6. 8. 11. 10:

6 Mis enemigos sólo me auguran desgracias: "¿Cuándo se morirá y desaparecerá su nombre?".

8 Mis adversarios se juntan para murmurar contra mí, y me culpan de los males que padezco, diciendo:

11 Pero tú, Señor, ten piedad de mí; levántame y les daré su merecido.

10 Hasta mi amigo más íntimo, del que yo me fiaba,* el que comió mi pan, se puso contra mí.
SEGUNDA LECTURA
Lectura, año II:
De la «Carta a los Filipenses» de san Policarpo, obispo y mártir
(Cap. 12, 1- 14: Funk, 1, 279-283)
CRISTO NOS HACE CRECER EN FE Y EN VERDAD